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Yo si veo resultados, porque los niños ya traen ánimo de leer y escribir y hacer dibujos. Antes, que no había bunkos, como que no les llamaba la atención ninguna de esas actividades.

Aurelio López García, Jefe del Albergue Indígena de Santa Catarina Yuxia,  Oaxaca


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En mi grupo, con jóvenes de secundaria, yo les leo fragmentos de obras extensas y, como ellos se interesan en el principio, desean saber cuál es el contenido completo del libro, así que ya estamos leyendo novelas.

Gustavo Hernández, mediador en el bunko en el Albergue Indígena de Santa Lucía Monteverde, Oax


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Fabián Adrián tiene seis años. Su mamá le pega y su papá está en Estados Unidos. Le gusta leer y es el primero que llega al bunko Un día que un doctor llegó a dar un taller de salud, les pidió a los de secundaria que leyeran del rotafolio y ninguno quiso pasar. Fabián se paró a leer muy fuerte y concentrado, hasta el doctor se admiró de cómo leía el niño. Esta fue una experiencia muy bonita para mí.

Marbella Cruz, mediadora en el bunko en el Albergue Indígena de Jaltepetongo, en Nochixtlán, Oaxaca


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Tenemos niños desde  1 año dos meses hasta 14 años. Hay niños que llevan varios años asistiendo al bunko, así que ya nos conocen muy bien y nos tienen confianza. Algunas niñas hasta han venido a preguntarme cosas de ellas, de lo que va surgiendo en su físico, ya que dicen que les da pena con sus mamás. Eso me gusta mucho.

Avelina Altamirano, mediadora del Bunko Tonatiuh, en Atotonilco, Tlaxcala


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La comunidad construyó el espacio del bunko y les da mucho gusto que sus hijos vengan. Cuando los niños vienen, es notorio que les gusta estar aquí: comentan sus inquietudes y reflexionan sobre la lectura que hacemos.

Pedro Guzmán, mediador del bunko en la comunidad de El Naranjo, en Ocosingo, Chiapas.


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Las mamás de la comunidad me dicen que les encanta que sus hijos vayan al bunko, porque esa tarde no están pegados a la tele. Al contrario, regresan contentos a hacer tareas y a platicar. En cuanto a los niños, yo noto en la escuela quiénes van al bunko y quiénes no, porque la actitud de los que van al bunko es diferente: leen, participan, toman decisiones y alientan a sus compañeros.

Octavio González. Coordinador en la Instancia de Capacitación de la SEP en Zacatecas, Zac, con respecto al bunko en la comunidad de La Quemada.


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Algunos de los padres también gozan con la lectura y, en ocasiones, se llevan libros para leer ellos mismos. Hasta los niños que ya no vienen, porque ya están más grandes, acuden a los eventos especiales que hay a veces en el bunko, me visitan, se llevan libros de acuerdo a su edad o buscan lecturas en otros lados: ya son lectores.

Ana Paulina Peraza, mediadora del Bunko Rincón de Momo, en la Col Sinatel, D.F.